El poder del aburrimiento: por qué dejar que los niños no hagan nada es bueno para su cerebro
"Estoy aburrido". Esa frase ha sido durante generaciones el terror de los padres y educadores. Inmediatamente, sentimos la obligación de ofrecer una actividad, encender una pantalla o proponer un plan. Hemos convertido el aburrimiento en un enemigo a combatir sin descanso. Pero, ¿y si el aburrimiento fuera en realidad un aliado silencioso del desarrollo infantil? ¿Y si dejar que los niños se aburran fuera una de las experiencias más nutritivas que podemos regalarles? El aburrimiento como tierra fértil de la creatividad Cuando un niño se aburre, su cerebro no se apaga. Todo lo contrario. Al no tener un estímulo externo que lo dirija, el cerebro comienza a buscar sus propias fuentes de entretenimiento. Imagina, inventa, recuerda, combina ideas aparentemente inconexas. Este estado de "mente errante" (o "default mode network", como lo llaman los neurocientíficos) es el caldo de cultivo de la creatividad, la resolución de problemas y la imaginación. La mayorí...







