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La escuela y la naturaleza: por qué aprender al aire libre mejora la salud, la atención y el amor por el conocimiento

Cuatro paredes, un techo, filas de mesas, luz artificial. Así transcurre la mayor parte de la jornada escolar de millones de estudiantes. El contacto con la naturaleza se ha convertido en un lujo reservado para los recreos, las excursiones ocasionales o, con suerte, una hora de ciencias al año. Pero mientras encerramos a los niños en aulas, la evidencia científica acumula pruebas de que el aprendizaje al aire libre no es un capricho pedagógico: es una necesidad biológica, cognitiva y emocional. El síndrome del déficit de naturaleza El periodista y educador Richard Louv acuñó el término "trastorno por déficit de naturaleza" para describir los costes humanos de la alienación respecto al mundo natural: menor capacidad de atención, más estrés, mayor tasa de obesidad y un empobrecimiento de los sentidos. No es un diagnóstico médico, pero sí una llamada de atención. Los niños de hoy saben identificar decenas de logotipos de marcas, pero no distinguen un pino de un roble. Pueden nav...

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